Camelia, Gijón

Hoy nos acercamos a conocer Camelia, restaurante abierto en julio de 2020 en el precioso y remozado edificio del Banco Urquijo de Gijón, frente a los Jardines de la Reina y con unas preciosas vistas del puerto deportivo y Cimadevilla (Marques de San Esteban 2). El restaurante se encuentra en los bajos del edifico donde disfrutar también, de la amplia y soleada terraza. El contenido no podría estar a menor nivel que el continente y todo el local esta decorado con obras de arte de pintores asturianos como Orlando Pelayo, Aurelio Suárez, Evaristo Valle, Nicanor Piñole o Rubio Camín entre otros. Decoración en general sencilla pero muy cuidada.

Por su parte, una carta completa, donde podemos optar por diferentes entrantes, con clásicos como calamares o croquetas, o darnos el gustazo con un caviar, un steak tartar o un foie gras casero. También tiene espacio platos de la huerta y como no, productos del mar como las ostras o la merluza, así como platos de carne y más tradicionales, como el arroz con pitu, el cochinillo o el carré de cordero.

Nosotros empezamos con unos aperitivos gentileza de la casa. Una mantequilla casera con sal y un ajoblanco con huevas, ambos muy buenos y a continuación con un gazpacho finísimo también delicioso. De entrante compartimos el Huevo frito de la casa con foie y trufa. Tres ingredientes que por si solos hacen despertar cualquier glándula salivar, juntos os podéis imaginar. Los platos para compartir ya salen emplatados por separado. Muy bueno, con el pan que sirven, de trigo y de centeno, para dejar el plato como sacado del lavavajillas. Seguimos con el arroz con pitu caleya, mínimo para dos personas, te lo presentan y te lo emplatan en la mesa, deshuesado y listo para comer. Sabor intenso y muy bueno. Para beber optamos por un Godello de la bodega de Rafael Palacios, Louro do Bolo DO Valdeorras, muy rico y que acompaño muy bien los platos, además de agua de Solan de Cabras.

En los postres pedimos la Panna Cota de chocolate, caramelo, plátano y cacahuete, pero el responsable de sala nos recomendó que pidiéramos la torrija caramelizada y helado de café. Yo no se decir que no en estos sitios y siempre me gusta dejarme orientar por las recomendaciones. Creo que nunca una recomendación estuvo tan acertada en mi vida. El sabor es espectacular, recuerda ese olor a gofre, a puesto de feria, a vainilla, canela, caramelo y mantequilla tostada, una maravilla, y acompañada de un finísimo helado de café con leche, que al combinar parece que lo estuvieras mojando en el propio café. Buenísimo, un postre que bien merece la visita. Además era para compartir y nos lo sirvieron emplatado para dos. Termínanos con unos cafés con leche y un par de bombones detalle de la casa, uno con relleno de limón y otro con relleno de un guirlache de cacahuete que estaba delicioso combinado con el café, ambos de Bombonería Ortegal Fito de LLanes.

La atención es perfecta y muy cuidada en todo el momento. Cubertería y vajilla, mantelería, atención y detalles están a un nivel que nada tiene que envidiar a cualquier restaurante con estrellas Michelín, soles Repsol o cualquier otro tipo de distinción o reconocimiento. El precio para dos personas fue de 100 €, lo cual me parece perfecto y relación calidad – precio – servicio muy buena.    


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