Hay restaurantes que intentan conquistar al cliente con cartas de diez páginas. Nuestra visita de hoy, Culpable, ha elegido el camino contrario. Su propuesta es breve, apenas nueve propuestas, pero detrás de esa aparente sencillez hay una declaración de intenciones: pocos platos, bien pensados, bien ejecutados y con personalidad. Después de nuestra visita, da la sensación de que aquí no sobra nada y, sobre todo, no falta nada.
Situado en la calle Santa Rosa 6, en pleno centro de Gijón, a escasos metros de la Plaza del Parchís y en una de las zonas con mayor ambiente de la ciudad, apuesta por un concepto de cocina pensado para compartir, con una carta breve, muy cuidada y donde prima claramente la calidad sobre la cantidad.
Es una filosofía que personalmente valoro mucho. En lugar de ofrecer decenas de platos para intentar satisfacer todos los gustos, Culpable centra su propuesta en una selección reducida de elaboraciones. Esa decisión transmite confianza, porque invita a pensar que cada plato ha sido elegido por un motivo y que el esfuerzo de la cocina se concentra en ejecutarlo a la perfección. Al final, prefiero encontrar una carta corta en la que apetezca pedir prácticamente cualquier cosa antes que otra interminable donde la variedad termine penalizando la calidad.
El restaurante cuenta además con un local muy acogedor, buena música y de estilo moderno e informal, perfecto para una comida informal. A ello se suma una agradable terraza, una opción muy apetecible cuando el tiempo acompaña y que permite disfrutar del ambiente de una de las zonas más animadas del centro de Gijón.
En nuestra visita fuimos tres personas con la intención de compartir varios platos y probar distintas elaboraciones, probablemente la mejor forma de disfrutar de la propuesta gastronómica de Culpable.





Comenzamos con los llamados calamares de campo, un nombre que despierta curiosidad y que esconde una deliciosa tempura de cebolla y pimiento. El rebozado resultó ligero y muy crujiente, mientras que el interior conservaba toda la jugosidad de las verduras. Un plato sencillo en concepto, pero muy bien ejecutado y sorprendentemente adictivo.
Continuamos con unos magníficos torreznos con D.O. de Soria, el plato más contundentes de la comida. Llegaban perfectamente elaborados, con una corteza extraordinariamente crujiente y llenos de sabor. El acompañamiento de chimichurri aportaba un punto fresco y ligeramente especiado que equilibraba muy bien la intensidad de la carne sin restarle protagonismo.
No podía faltar la ensaladilla rusa, una de esas recetas que permiten medir el nivel de una cocina. En este caso nos encontramos con una versión muy fina, cremosa y equilibrada, presentada junto a unas cortezas de trigo que aportaban ese agradable contraste de textura y convertían cada bocado en una combinación perfecta.
También probamos las croquetas de jamón, cremosas por dentro, con una bechamel muy suave y un intenso sabor a jamón. El rebozado era fino y crujiente, logrando ese equilibrio que siempre se busca en una buena croqueta.
Para acompañar la comida optamos por unas cervezas. El broche final llegó de la mano de la Heladería Revuelta, con uno de sus bombones artesanos; el denominado Amor, sorbete de frambuesa recubierto por una capa de chocolate negro. El contraste entre la acidez de la frambuesa y la intensidad del chocolate convirtió el postre en un final ligero, refrescante y muy original.
Otro de los aspectos que merece una mención especial fue el servicio. Desde el primer momento nos atendieron con cercanía y profesionalidad, aconsejándonos sobre los platos y sirviendo la comida con un ritmo perfecto, sin esperas innecesarias y permitiéndonos disfrutar de la experiencia con tranquilidad.
La cuenta ascendió aproximadamente a 22 euros por persona, una cifra que nos pareció muy razonable teniendo en cuenta la calidad de la materia prima, el nivel de las elaboraciones, el excelente servicio y el agradable entorno.
Culpable demuestra que no hace falta una carta enorme para conquistar al comensal. Una propuesta breve, bien pensada y ejecutada con acierto transmite mucha más personalidad que un listado interminable de platos. Aquí da la sensación de que todo lo que sale de la cocina ha sido trabajado para estar realmente bueno, y esa coherencia se aprecia durante toda la comida. Sin duda, es uno de esos restaurantes a los que apetece volver para seguir descubriendo el resto de una carta que, precisamente por ser corta, invita a confiar plenamente en ella.
