Manhattan, el cóctel de las estrellas.

cóctel Manhattan

El cine y la televisión han popularizado un cóctel como el Manhattan, hasta hacerlo uno de los más famosos del mundo. Es un cóctel bastante fuerte y de sabor agridulce, así que no está pensado para todos los paladares.

Sus ingredientes básicos, dos, el vermú rojo y el whisky. En un origen este último era de centeno, el más abundante en Nueva York, si bien hoy en día se suele utilizar bourbon o whisky canadiense. Yo recomiendo el bourbon, más fácil de encontrar y más dulce.

En cuanto a su origen existen diferentes historias aunque la más popular, aunque no por ello la real, le atribuye la invención a Jennie Jerome, esposa de Randolph Churchill, y, por lo tanto madre del futuro premier británico Winston Churchill, mientras celebraban la campaña a gobernador de Samuel Jones Tilden en el  Manhattan Club, situado frente al actual Empire State Building. No obstante, se comenta que dicho banquete tuvo lugar en noviembre de 1874, cuando Lady Churchill estaba en Inglaterra, dando a luz a su hijo, o incluso algunos la sitúan en Francia en aquella época. Tuvo tal éxito que posteriormente la gente empezó a pedirlo con el nombre del club donde se inventó.

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Marilyn y sus compañeras con falta de sueño

En los años 30 y 40 con el auge del cine de Hollywood, se convirtió en el cóctel que tomaban los actores más importantes de la época en papeles de mafiosos, ejecutivos o dandis, aunque sin lugar a duda todos los amantes del cine recordarán el cóctel que una joven y bellísima  Marilyn Monroe prepara en bolsas de agua caliente en las literas de un tren rumbo a Florida, bajo la enamorada mirada de Tony Curtis en la película Con faldas y a lo loco.

Ingredientes y preparación

Se consume principalmente como aperitivo y se prepara de la siguiente forma:

  • 5 cl de whisky o bourbon
  • 2 cl de vermú rojo
  • 1 gota de angostura

Los ingredientes se añaden en una vaso de mezcla lleno de hielo, y se mezclan bien. Se sirve en una copa de Martini fría, para lo cual habremos revuelto algunos cubitos en su interior, y posteriormente desechado, ya que se sirve sin hielo. Para adornar una guinda al marrasquino.

Sea cual sea su verdadero origen, el Manhattan ha conseguido convertirse en uno de los grandes clásicos de la coctelería. Una mezcla sencilla, con carácter y con suficiente historia detrás como para que cada copa venga acompañada de una pequeña leyenda.

Cualquier lugar y momento es bueno para prepararse un Manhattan - Con faldas y a lo loco – 1959

Fuentes


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