Fuente la Lloba; no solo comida.

Nunca fue tan fácil viajar a Japón viviendo en Asturias. A unos 45 minutos de Gijón podemos disfrutar de la mejor gastronomía japonesa en un espacio único como es el restaurante Fuente la Lloba en Piloña.

Más de diez años de experiencia han logrado que este restaurante sea sin dudar alguna el mejor restaurante de comida clásica japonesa de Asturias, pero no solo por la calidad de su mesa, si no por todo lo que la rodea, la decoración, el entorno, las vistas y sin duda la calidad de su atención, en la que Keiichi Kakuta y Eduardo Jiménez te abren su casa para acercarte un trocito de Japón.

Imprescindible reservar, sobre todo si se quiere ir de fin de semana, ya que la lista de espera es bastante grande, de más de seis meses.

El menú es un menú cerrado, degustación, que varía en función de la época del año (como debe ser) Esto garantiza el uso de productos de gran calidad y enorme frescura, algo muy importante en la cocina japonesa.

Fuimos en plan, “inmersión total” con lo que reservamos mesa en el tatami. No es especialmente incomodo, aunque no estamos acostumbrados a comer en el suelo, y después de un rato cuesta mantener la postura y vas dando vueltas, pero bueno, como experiencia estuvo bien.

En esta ocasión el menú empezó por una reconfortante sopa de miso, a base de soja fermentada, sabrosísima y deliciosa. Continuamos con algas wakame con sésamo. Esa textura tan característica de las algas, con un sabor a mar leve y la salsa espectacular. Seguimos con Tataki de Atún, sencillo y delicioso. Pasamos al pollo yakitori en salsa teriyaki, todo un clásico, para mojar pan, si hubiera. Llegamos al sushi. Una variedad de seis bocados que incluían, un tartar de atún, un gunkan con huevas de salmón, y cuatro nigiri, de caballa, de salmón, de gamba y de langostino. Todos ellos buenísimos, aunque destacaría el tartar, el salmón y el de caballa. Después una variedad de tempura fantástica, que incluía, berenjena, pimiento, judía verde, esparrago triguero, alga nori, seta shitaki, calabaza, calabacín, cebolleta, y como no, gamba. Por último de postre, helado de jengibre y bizcocho Kasutera. Helado muy refrescante, con el punto picante de los trocitos del jengibre.

Ya que estaba también quise probar el té matcha, un té verde molido muy sencillo, que acompañan de dorayaki, dulce típico consistente en dos bizcochos rellenos de anko, pasta de judía dulce. Es dulce pero no demasiado y sorprende el sabor a judía que tiene. Muchos reconoceréis este postre en la conocida serie de dibujos Doraemon, ya que era el dulce que devoraba el famoso gato cósmico.

Para beber tenéis cerveza japonesa Asahi Super Dry, una pilsner suave, o sake, un vino de arroz muy suave en comparación con los blancos españoles.

En la sobremesa probamos aguardiente Sho-chu, licor de ciruela Umeshu y whisky Hibiki. De todos ellos, sin duda el whisky, y el umeshu para los que no quieran algo de alta graduación y sabor a piruleta de corazón.

La atención es fantástica en todo momento, cercana y amable. El precio que pagamos fue de 50 € por persona, si bien el menú degustación son 35 €. Un lugar con unas vistas privilegiadas, donde disfrutar de un pedacito de Japón. Con ganas de más…un cinco lametones que merece la pena visitar al menos una vez.

 

 


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