Crónicas carnívoras: Parrilla Bovino, Gijón

Hoy volvemos a ponernos carnívoros y regresamos a Bovino, un asador ya conocido en Gijón por su apuesta clara por la parrilla y las carnes de calidad. Situado en  la calle Calixto Alvargonzález, 3, junto a los juzgados, en un local amplio y bien acondicionado, sigue siendo una opción muy interesante para los amantes de la brasa.

En esta ocasión decidimos ir directamente al grano y centrarnos en varios platos para compartir. Como entrantes, empezamos con morcilla de León y chorizo criollo, dos clásicos que funcionan muy bien para abrir boca y que aquí cumplen, aportando ese toque tradicional y sabroso antes de pasar a lo fuerte. Llama la atención la presentación de la morcilla, que no denominan de matachana, servida sobre una cama e tortilla y con patatas chips caseras. Plato contundente alejado de la clásica morcilla de parrilla.

Ya metidos en materia, optamos por un buen T-Bone acompañado de secreto ibérico de bellota, una combinación muy acertada para disfrutar de distintos cortes y matices. Para completar la experiencia, añadimos también un vacío de wagyu, buscando un punto más diferencial dentro de la parrilla.

Además, quisimos probar algo diferente dentro de la carta y nos animamos con unos huevos rotos con jamón y gulas, un plato más clásico que siempre apetece y que aquí resuelven correctamente.

Las carnes, en general, bien ejecutadas, con buenos puntos y jugosidad. El T-Bone destacó por sabor y presencia, mientras que el secreto ibérico de bellota ofreció esa textura tierna y ese punto graso tan característico que lo hace especialmente sabroso. El vacío de wagyu aportó intensidad y un matiz distinto, completando una comida muy enfocada en la carne.

Para beber, en esta ocasión optamos por algo más sencillo: refrescos, agua y sidra natural Contrueces, que acompaña perfectamente este tipo de comidas y le da ese toque asturiano que siempre suma.

En el apartado dulce, cerramos con un volcán de chocolate, bien elaborado, con ese interior fundente que cumple con lo esperado y pone el broche final a la comida, acompañado de sorbete de mandarina en esta ocasión.

El trato del personal volvió a ser uno de los puntos fuertes, atentos y agradables en todo momento, haciendo la experiencia más cómoda y cercana.

En cuanto al precio, la cuenta fue de 215 € para cuatro personas, lo que lo sitúa claramente por encima de la media de muchas parrillas de la ciudad. Aun así, la calidad del producto y la experiencia en general justifican en buena parte ese desembolso, sobre todo si lo que se busca es darse un capricho.

En definitiva, un sitio recomendable para disfrutar de buena carne a la parrilla y salir con la sensación de haber comido muy bien.


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