De merenderos por Gijón; El Rinconín de Deva

Hablar de El Rinconín de Deva es hablar de uno de los merenderos con más tradición de Gijón. Situado en el Camín de la Rionda 76, en la parroquia de Deva, lleva décadas siendo un punto de encuentro para familias y grupos de amigos que buscan disfrutar de una comida en un entorno tranquilo, rodeado de naturaleza y a escasos minutos del centro de la ciudad. El establecimiento dispone de un amplio merendero al aire libre, un espacioso comedor interior para los días de peor tiempo, aparcamiento propio y una zona infantil, lo que lo convierte en una opción muy cómoda para acudir con niños. Además, admite mascotas siempre que permanezcan controladas y no estén sueltas.

Tras permanecer cerrado durante un tiempo, El Rinconín de Deva reabrió sus puertas después de una importante reforma que modernizó buena parte de sus instalaciones. El cambio se aprecia especialmente en el interior y que presenta una imagen mucho más actual que la del antiguo establecimiento. Sin embargo, la sensación es que esa renovación no ha llegado con la misma intensidad a los espacios exteriores, que agradecerían una reorganización y una puesta a punto para estar a la altura del resto del complejo.

Nosotros optamos por comer precisamente en la zona de merendero, donde el funcionamiento es muy sencillo: se realiza el pedido en la barra y, cuando la comida está preparada, el personal avisa para recogerla. Es un sistema práctico para grupos numerosos y que agiliza bastante el servicio.

Éramos ocho personas y decidimos pedir varios platos para compartir. Comenzamos con el cachopo clásico, una ración abundante y correctamente elaborada, aunque sin nada que lo diferenciara de tantos otros que pueden encontrarse en Asturias. Continuamos con el pollo al ajillo acompañado de patatas, sencillo y bien resuelto, mientras que el chorizo a la sidra tenía buen sabor pero daba la impresión de haber permanecido demasiado tiempo en la cazuela, perdiendo parte de su textura.

También compartimos unos pimientos de Padrón, una ensalada de cecina y queso de cabra y unos huevos rotos con jamón y chipirones a lo pobre. Estos últimos se sirven acompañados de una salsa con un intenso sabor a marisco que domina el conjunto y le aporta un carácter diferente. Es un plato curioso, aunque probablemente no convenza a quienes prefieran sabores más tradicionales.

Para beber elegimos agua y varias botellas del cercano llagar de Sidra Piñera D.O.P. mientras que el mejor recuerdo gastronómico de la comida lo dejó la tarta de la abuela, cremosa, equilibrada y muy agradable.

En términos generales, la cocina nos pareció correcta, pero excesivamente sencilla. La sensación es que muchos platos recurren a elaboraciones de quinta gama o con muy poca cocina detrás, algo que termina restando personalidad a una carta que, por ubicación y dimensiones del establecimiento, podría aspirar a mucho más. Se come bien, pero cuesta encontrar algún plato que invite a volver expresamente para repetirlo.

Otro aspecto que creemos debería mejorar es el mantenimiento de la zona de merendero. Cuando llegamos encontramos un gran número de mesas todavía sin recoger, con restos de comida, bandejas y suciedad acumulada, una imagen que desluce bastante la buena impresión que transmite el local tras la reforma. Es cierto que era un día de mucha afluencia, pero precisamente en este tipo de establecimientos la limpieza y la rapidez en la retirada de mesas forman parte de la experiencia del cliente.

La cuenta ascendió a 145 euros para ocho personas, lo que supone algo menos de 19 euros por persona. Es un precio muy competitivo y probablemente uno de los puntos fuertes del establecimiento.

En definitiva, El Rinconín de Deva ha conseguido recuperar uno de los merenderos más conocidos de Gijón gracias a una acertada renovación de sus instalaciones y a un espacio ideal para comidas en grupo o con niños. Sin embargo, todavía tiene margen de mejora tanto en la puesta a punto de los espacios exteriores como en la limpieza durante los momentos de mayor afluencia y, sobre todo, en una propuesta gastronómica que resulta correcta, pero demasiado básica para un establecimiento con tanto potencial. Si buscas un lugar amplio, cómodo y con buena relación calidad-precio para pasar unas horas con amigos o familia, sigue siendo una opción muy recomendable; si el objetivo principal es disfrutar de una cocina especialmente elaborada, probablemente salgas con una sensación más discreta.


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