De sidras por Gijón; Casa Trabanco

Hoy visitamos un clásico de la gastronomía asturiana y especialmente gijonesa como es Casa Trabanco. Fundada a principios de los 80, junto al llagar que Sidra Trabanco tiene en Lavandera, ha logrado hacerse un hueco y referente en el panorama gastronómico de la región, sin duda alguna, respaldado por su buen hacer en el mundo de la sidra.

Casa Trabanco cuenta con un amplio comedor abierto a la zona de barra, así como una terraza cubierta y otra abierta, que, si el tiempo lo permite, resulta muy agradable, para disfrutar de sus vistas al valle a la hora del vermú o del café. Decoración cuidada, llama la atención las mesas corridas que hay en su comedor principal, al más puro estilo de cómo eran los chigres antaño.

Además, Casa Trabanco cuenta con unos excepcionales espacios para la celebración de todo tipo de eventos. Concretamente, en Lavandera hay varios locales para espichas y comidas; El llagar, Casa Alicia o Los Paxos, así como el denominado Llagar del Túnel; aproximadamente un kilómetro de túnel construido en lo que se proyectó como la línea férrea que uniría Gijón con San Martín del Rey Aurelio, y que quedó sin concluir, ahora alberga numerosos depósitos de sidra. Una visita obligada si se tiene la ocasión. A estos espacios hay que sumar el Llagar situado en Sariego.

Pero centrémonos en su restaurante. Su carta la podéis consultar en su web. Destaca sin duda el bacalao, sus carnes o sus diferentes elaboraciones aprovechando los productos de su cercana huerta. Yo en esta visita me decante por compartir un par de cosas. para empezar el frixuelo relleno de bechamel suave y gambas con salsa de cigalines. Delicioso, yo todo lo que sea rellenar un frixuelo me parece una buena opción, y en este caso el sabor de la salsa es perfecto. De segundo y fuera de carta opte por la milhoja de calabacín. Buenísimo, con carne y gratinado, me gustó mucho. Ambos son platos contundentes y a pesar de ser de buen comer, no pude acercarme a los postres, pero eso lo dejo para futuras batallas. Cierto es que no se pude dejar un vasito con salsa cabrales que acompañaba unos escalopines mojando el delicioso pan que te sirven. También pude probar las croquetas, muy buenas y el chuletón de vaca vieja que estaba bastante bueno también.

Para beber como no podría ser de otra forma Sidra Trabanco DOP, escanciada in situ a buen ritmo, y los cafés en la terraza. Todo ello por unos 25 euros por persona, teniendo en cuenta que a los cafés nos invitaron. El personal muy amable y la sensación completa muy buena. El único “pero” que le puedo poner es el intenso ruido que hay en el comedor. Resulta en ocasiones difícil hablar con gente de tu propia mesa, y lo cierto es que no ves a la gente gritar en exceso, pero la sensación es de muchísimo ruido. Para mi un cuatro llambiotaes


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