Casa Gerardo; desde un rincón de Asturias

Hoy visitamos uno de los sitios más emblemáticos y representativos de la cocina Asturiana. Nos acercamos a Prendes, en Carreño, a Casa Gerardo, hogar de la familia Morán.

Puede resultar curioso, pero era la primera vez que visitaba este restaurante, si bien ya había disfrutado de su cocina en otros espacios. A tan solo 8 kilómetros de Gijón, y sin embargo he tardado unos cuantos años en acercarme a conocerlo.

Antes de seguir, y para que no haya suspicacias, vaya por delante, que conozco a Marcos Morán, quinta generación de cocineros de Casa Gerardo, desde nuestros años de compañeros en el Corazón de María de Gijón, y nuestras vidas se han vuelto a cruzar gracias a la gastronomía, en diferentes espacios y momentos, lo cual a uno siempre le presta, ya que nos evoca nuestros mejores recuerdos de juventud. No obstante, seré como siempre fiel a mi forma de valorar la experiencia, desde el más profundo respeto al trabajo de los demás.

Casa Gerardo se encuentra a pie de la carretera que une Gijón con Avilés, en el límite de la localidad de Prendes. Dispone de dos aparcamientos, y desde fuera no deja de ser una casa más de las muchas que podemos ver en las carreteras asturianas. Seguramente no es el mejor lugar, ni tienes las mejores vistas, pero estando donde está, lleva sirviendo desde 1882 y proyecta su trabajo en Londres o Madrid.

Una vez dentro nos encontramos un local cuidado y acogedor, con diferentes espacios. Nosotros estuvimos en la segunda planta, con una decoración sencillo, un espacio luminoso y todo en blanco, donde la nota de color la dan los cuadros que recuerdan portadas míticas de revistas y periódicos norteamericanos como la máscara de Tutankamon del National Geographic, el Steve Jobs de Time o John Lenon y Yoko Ono de Rollin Stone.

La carta es también sencilla, sin nombres raros que te puedan desorientar. En ella podemos ver varios entrantes para compartir, unos clásicos de su cocina y unas cuantas propuestas contemporáneas. También disponen de varios menús degustación a mesa completa, uno con los platos más clásicos de la casa, y otros dos con sus propuestas más contemporáneas en versión larga y corta. Todos ellos los podéis consultar en su web.

Nada más sentarnos nos obsequiaron con un aperitivo, Coctel Solido de Manzana, un bocado de manzana con sabor a tequila y el frescor de la lima y toque de sal. Muy bueno.

Como en muchos restaurantes, te ofrecen varios tipos de pan para comer. En este caso, uno de hogaza tradicional, uno de cereales y otro de maíz con pipas.

Una vez pedimos, volvieron a atendernos con varios detalles de bocado; Caldo de piel de Patata, hojaldre con crema de piquillo, unos colines de pan de escanda, una mantequilla ahumada y unos crujientes con helado de tortilla. Todo muy bien, aunque el frio del helado me impidió saborear bien el helado, y lo mejor el caldo, muy sabroso, y la mantequilla.

De entrante pedimos los aperitivos de la casa, compuesto por el famoso bocadillo crujiente de quesos asturianos, cebollita rellena de pisto de bonito, chupito de crema de nécoras y las croquetas de compango de la fabada. Todos ellos muy buenos, destaco el sabor de la crema y el sabor y cremosidad de las croquetas. Lo que menos me gusto fue la cebolla, que al ser una versión tan reducida, creo que la proporción de pisto y cebolla quedaba descompensada, por lo menos para mi gusto.

De plato principal no pude evitar pedir fuera de carta callos, aunque pude probar también la fabada.

Los callos fantásticos, en cazuela de barro, acompañados de patata frita en dados muy pequeños, y con una pipeta de aceite picante para aderezar al gusto.

La fabada muy buena, con un compango muy rico y muy ligera. La ración es más que abundante y el compango lo sirven aparte. Con relación a este plato he leído muchas opiniones, con gente que lo valora como la mejor del mundo y gente que no da un duro por ella, que las hay mejores en muchos rincones de Asturias. Lógicamente es un plato muy popular y todos tenemos la de nuestra madre en la memoria, pero creo que no son comparables. Creo que Casa Gerardo una de las cosas que hace bien es por una parte innovar en muchos platos, pero a la vez actualizar platos tradicionales como puede ser este. Solo hay que molestarse en leer la receta que se puede ver en la web o en esta entrevista de El Comidista, para ver los cambios que han introducido en la elaboración más clásica. No conozco a nadie que la haga así, con lo que creo que estamos hablando de un plato propio y que no es comparable con otras fabadas. Podrá gustar más o menos, pero creo que como cualquier cosa, y a un restaurante como este, los años y los reconocimientos son más que avales a su trayectoria.

De postre, estuve a punto de tomar el arroz con leche, pero quise probar algo nuevo y me decidí por uno de sus Cocteles dulces, Silver Gin Fizz, una espuma de ginebra sobre un helado de mantequilla de limón y crema de limón, muy rico y refrescante.

También probé el postre de chocolate con frutos secos, compuesto de helado de avellana, helado de chocolate, bizcocho de chocolate con pistachos, chocolate blanco con café lio y nueces fritas. Muy bueno, suena a postre casero una noche de depresión, en el que asaltas la nevera y el bote de helado.

Para terminar nos invitaron a un último detalle en forma de postre de chocolate, compuesto por una miga de chocolate, unas trufas y una chocolatina, todos ellos riquísimos, un verdadero placer para los que amamos el chocolate. No me di cuenta ni de hacer la foto, pero encontré una por internet para que podáis verlo.

La atención fue en todo momento correcta, y el servicio fue muy ágil, y fluido. Tanto Pedro como Marcos, se acercaron por todas las mesas, saludando e interesándose por el servicio.

Todo esto junto con agua y una copa de vino no llegó a 90 € para dos personas.

Satisfacción al salir por la puerta, completa, comida abundante y rica, atención buena y local cuidado. No sé si esto merece una estrella, tres soles o cuatro tenedores, pero está claro que Casa Gerardo es un sitio que no deja indiferente a quién lo visita. Yo personalmente creo que hay que visitarlo, y más si eres asturiano, y yo espero volver para conocer más de sus platos, más pronto que tarde.

Desde aquí un cinco lametones.


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